"));
Ya en 1610 una carta de la Abadía de Saint-Sulpice en realidad mención, luego en 1723 en la venta del señorío de Vouzeron “el maiterie y el molino Chartier”. A indicar la diferencia de las ortografías encontradas o el Molino Chartier o el Molino Chertier.
El río del Barangeon era, la única fuerza motriz para impulsar molinos y no es necesario asombrarse de encontrar una decena a lo largo de su curso entre Neuvy-sur-Barangeon y Vignoux. Este molino a trigo fue sustituido por una turbina hidráulica, su sitio es siempre visible. Se instaló por el Barón Roger, cuando se volvió heredero, a la muerte de su madre, del ámbito de Vouzeron. Las necesidades de agua eran considerables, era necesario abastecer los múltiples cuartos de baño, los establos, los lavaderos etc…, y el tanque era insuficiente, lo que trajo la instauración de sus compresores, salidos de las fábricas Gandillon a Senlis cuyo un único vestigio subsistió. Esta turbina hidráulica (llamada espolón) era implicada por una rueda a paletas. Una canalización subterránea conducía el agua hacia el castillo.
Un grupo de casas de vivienda, de cuatro o seis según el tiempo servían de alojamiento a varias familias. En primer lugar al molinero, al tejero, sus esposas y niños. En 1856, se contaban según el estado nominativo habitantes de Vouzeron; dieciocho personas. La última familia dejó este lugar en 1956. Ya las casas caían en ruinas y la familia que residía en estos lugares trasladaba a fur y a medida de la vetustez edificios. Las fundaciones de estas casas son siempre visibles y los montículos cubiertos con zarzas y con arbustos ocultan las ruinas. Este lugar, hoy ya no es animado que por el murmullo del agua y el susurro de las hojas mientras que antes ha resonado del ruido familiar de una población dura, de los juegos de los niños, y de toda esta sinfonía que acompaña la vida del humanos.
Hacia la mitad de los XIX siglos Sologne tomó conciencia que su nueva regeneración, después de muchos años de austeridad, poseía dos elementos principales para un nuevo desarrollo; la madera en superabundancia desde que las tierras, sin vocación agrícola se habían repoblado y la arcilla que estaba allí a profusión, bajo los pies. La piedra es rara en la región, por eso para renovar las viejas paredes en mazorca, o para las nuevas construcciones se encontraba la solución, el ladrillo, la teja y los derivados. El impulso otorgado por la llegada de Napoleón III a Lamotte Beuvron así como la llegada del ferrocarril que ponía el país de las dos horas de París contribuyeron a la construcción de numerosos castillos en Sologne. Vouzeron no escapó a este método y el barón Roger, heredero de su madre del ámbito de Vouzeron pidió al arquitecto Destailleurs construir el imponente castillo del Triboulette, del cual ya lo existía una tejería-ladrillar a Vouzeron, puesto que en 1851, el censo de los habitantes de Vouzeron nos ensena que un tejero permanecía en un lugar llamado el Molino Chartier, luego en 1861 y en 1872, es decir, anteriormente a la llegada del barón Roger, ya se menciona esta profesión. El catastro de las propiedades construidas que contabiliza todas las construcciones, demoliciones o modificaciones en el territorio del municipio nos permite seguir la evolución de esta pequeña industria local. He aquí la breve cronología:
En 1882 el barón Roger transforma un horno a ladrillos, en 1884 aún una transformación precisando: para una segunda tejería. Es el tiempo del principio de la construcción del castillo. En 1890, el enlace debía ser
tomada por el castillo de Neuvy-sur-Barangeon (antiguo seminario Santo-Louis) construido para el vizconde Robert Dubourg de Bozas. La restauración y la construcción de nuevas casas sobre el ámbito del barón Roger aprovechó también de esta fabricación él es necesario precisar que el rico proprietario poseía los tres cuartos del municipio de Vouzeron.
Aún hoy día, durante reparaciones, no es raro encontrar ladrillos señalados VOUZERON.
¿Qué permanece de esta industria? Un horno compuesto de dos entradas en plena curva, corrediza sobre dos bóvedas aplanadas en cuna, de 6 metros treinta de longitud sobre un metro cincuenta de anchura, se construyen en alternancia; una raja de ventilación, un soportal de ladrillo, todo ello vitrificado por el calor. No permanece nada de las construcciones superiores, por el contrario sobre la izquierda una escalera de ladrillos, muy bien conservado, permitía el acceso a la plataforma de en cumbre. Este horno se enterraba sobre tres lados, un plan ligeramente inclinado permitía a los carros acceder. El sitio de los otros hornos, cerca de las viviendas, nos es revelado por los montículos que derraman el llano.
Al buscar bien, rastros podrían revelarnos los otros sitios de las fases necesarias para la fabricación; el almacenamiento de la arcilla, el amasado y el amasamiento, la puesta en forma, luego el marcado con ayuda de una matriz. El extenso hangar para el secado de los ladrillos se encontraba a la izquierda hornos túneles, sobre este sitio plano que se descubre aún actualmente. Las dos aperturas al equipo de ladrillos, en borde de este sitio formaban parte de una red destinada a la evacuación de agua que se pasaba durante el largo período
de secado.
Trabajo de los hombres, trabajo del tiempo, trabajo de la naturaleza, la lucha es desigual, de las obras humanas él que la materia nos sigue siendo que ruinas. El recuerdo está como una venganza a este combate, ya que el espíritu es más fuerte.
P. Braud